Madre e Hija

"Me llamó atención leer algo que siempre intriga, el ritual del castigo a una niña, por ello quiero sacar a la luz algo que jamás he comentado, y que es rigurosamente cierto.

En mi infancia podría retroceder bastante, pues como es lógico me dejó muy marcada. Recuerdo perfectamente como mi madre se enfadaba conmigo, por no comer, por no estudiar y le daba mucha rabia que después de peinarme y arreglarme, me ponía hacer pis y yo no tenía ganas, pero cuando estaba en la calle ya me entraban.

La mayoría de las veces "iniciaba el ritual" que siempre era el mismo. Cogerme fuerte muy fuerte del brazo y subir a casa. Traspasada la puerta las manos, en lugar del brazo, pasaban a mi melena, que todavía dolía más, medio arrastrada al cuarto de mi madre.

Cerraba la puerta con el pestillo, aún escucho el ruido. En la casa en estos momentos, "casualmente", nunca había nadie. La radio empezaba a sonar, mi madre se sentaba siempre en la misma silla de paja, a empujones me arrojaba encima de sus piernas y yo ya empezaba a llorar desconsoladamente. Me subía la falda, acto seguido bajaba mis bragas hasta los tobillos y empezaba la azotaina y las amenazas: “me voy a comprar un látigo para no hacerme daño en las manos”, “callate o no pararé de darte”, “te voy a coser la raja para que no vuelvas a pedir de mear”. . .

Cuanto más lloraba más me daba, en el carrillo derecho luego el izquierdo, pero entre azote y azote, cuando recordaba que la había hecho subir para mear metía sus largas uñas entre mi vulva arañándome.

El castigo era largo, recuerdo que mi madre reía, que cambiaba su cara, me daban miedo sus ojos...

Cuando se cansaba me mandaba al baño. Una vez allí después de orinar me miraba a escondidas el culo en el espejo y me producía placer, por ello las ganas de mear unas veces eran ciertas y otras buscando el "ritual".

Nunca lo entendí: a mí me dolía pero me gustaba y estoy segura que a mi madre también y quizá más.

Me castigó desde que recuerde, y hasta los 13 o 14 años. Esta es mi historia, de la que cada uno puede ser las conclusiones que desee.

Relato de Cecilia.

Prepotencia Spanker

Una de las cosas mas importantes que debe poseer un(a) Spanker es la actitud Prepotente, ese carácter que te hace sentir impotente y sin voluntad. Todo lo que constituye dicha actitud son cualidades adquiridas a través de la vida misma, el tono de voz, la mirada dominante, la capacidad de disciplinar sin siquiera dar azotes, Hoy en día pocas personas poseen esas actitudes, ya es hora de que aparezcan personas así, para darle la disciplina que necesita este mundo.

familiares: Madrastra e Hijastro

Diversos Instrumentos
Desde los 7 años viví con mi padre y mi madrastra. Ambos eran estrictos, pero principalmente mi madrastra, que era la que me daba las nalgadas y chinelazos.

Al principio, la recuerdo pegándome nalgadas. Si me portaba mal, me enviaba a pararme afuera de mi dormitorio, mirando a la pared. Cuando ella subía, entrábamos al dormitorio, y si tenía suerte recibía un regaño, si estaba con mala suerte tendría que bajarme los pantalones y el calzoncillo y echarme sobre sus rodillas para ser nalgueado. Ella tenía un extraño pequeño ritual, donde yo tenía que contar las nalgadas, slap “uno”, slap “dos”, etc, etc.

Me dijo un par de veces que me pegaría con la chinela y lo hizo cuando yo tendría nueve años. Llegué tarde de la escuela, había ido a la casa de unos amigos sin decirle, mentí, lo descubrió y así fui introducido a la chinela.

La chinela no era una pieza de calzado blanda, era una Sandalia de Ejercicios, con una gruesa suela de goma. En lugar de ponerme sobre sus rodillas, tenía que doblarme sobre una silla y, desde luego, tenía que contar.

Este fue la primera de muchas azotainas con la chinela que me dieron por mal comportamiento, y que continuaron hasta bien avanzada la adolescencia. Podía recibir hasta doce azotes.

En un par de ocasiones me pegaron con la caña en las manos en la escuela. Llegar a casa con las manos rojas ¡significaba otra azotaina con la chinela!


Enviado por Manuel

Posiciones.

Sobre las rodillas



Es la posicion mas utilizada y popular para azotar. Para el Spankeer resulta una posicion que demuestra poder y jerarquía, el solo hecho de tener a alguien totalmante expuesto y entregado, ademas de la excelente vision que se tiene debido al angulo que se genera. Para el Spankee se crea una mezcla de verguenza y sumision total. Sin duda alguna esta es una de las posiciones donde solo estar ya resulta un castigo incluso dejando de lado los azotes. 

familiares: Padre e Hija

Castigo al aire libre
Esto sucedió cuando tenía once años, mis padres mi hermano y yo fuimos a a pasar un dia a un lugar donde había un rio, todo transcurria con normalidad, yo me bañe con un traje de dos piezas, a la hora de comer mi mama me sirve un plato con pescado y a mi no me gustaba, le insiste en que me diera otra cosa pero ella me repetia que no habia mas nada, yo enojada lancé el plato al suelo, solo Dios sabe como me arrepiento de eso.
Mi papa volteó y me dijo espera a que termine de comer y descansar para que veas lo que te va a pasar, el tiempo transcurrio y yo sin saber si mi papa me castigaria o no.
Mi papa se paró de donde estaba sentado y me pidio que lo acompañara, nos dirigimos a un lugar bastante boscoso, el se sentó en un roca y me dijo que levantara unas ramas del suelo, Yo totalmente nerviosa le hice caso, despues me agarro fuerte de un brazo y me puso boca abajo sobre sus rodillas, alli me dio un regaño bastante fuerte, despues llegaron las nalgadas una tras otra llovian sobre mi culo, y yo no paraba de chillar. Mi papa me quito la parte de abajo del traje de baño y quede a culo visto, lo que me hizo avergonzarme mucho mas, fue entonces cuando tomo las ramas que y me empezó a azotar con ellas, nunca pensé que podrian ser tan dolorosas, mi papa me continuó azotando por un buen rato incluso se me escapó un pedito.
Cuando ya no quedaba espacio en mis nalgas me abrió y me empezo a azotar entre ellas, podia sentir las ramas golpeando alrededor de mi ano.
El castigo terminó y tuve que pedirle perdon a mi mama y a mi papa.

Familiares: Madre e hija

Una madre enojada
Mi madre tiene una empresa de materiales y siempre se ha hecho cargo ella de todo, es por eso que casi nunca estaba en casa y apenas la veia en las noches cuando llegaba temprano y aun me encontraba despierta, siempre era asi, nunca me castigaba a lo mucho me gritaba cuando estaba muy enojada, y yo me aprovechaba de eso para hacerle cuanto berrinche se me viniera en gana, pero ese dia me propino tal paliza que nunca me olvidare, nose que pasò estaria de mal humor supongo.
recuerdo que fue un sabado y por lo general los sabados en la tardes son solo para mi, mi madre me lleva al cine y luego a comer helados, pero ese dia seria la exepciòn, mi madre llego como de costumbre y yo la esperaba lista en su habitacion porque me gustaba mirar la tele ahì, mi madre entro y yo como de costumbre le di un beso y le dije que ya estaba lista para salir, ella me dijo que estaba cansada que habia tenido problemas en el trabajo y que no tenia ganas de salir, que mejor lo dejaramos para el domingo pero a mi no me gusto la idea y le empese hacer berrinches, no dejaba que se cambiara porque la jalaba del brazo y ella se enojo y me dijo: TE HE DICHO QUE ESTOY CANSADA!!! YA MAÑANA SALDREMOS!!! yo no hize caso y segui haciendo lo mismo, mi madre me tomo de los hombros y me dijo: O TE CALMAS O TE DOY LA PALIZA DE TU VIDA!!! pero yo seguia en mi berrinche sabia que no me iba a
pegar porque nunca lo habia hecho, asi que del coraje al ver que no conseguia lo que queria, le tire todo lo que tenia en la comoda y me puse a llorar del coraje, mi madre cerro la puerta de su habitacion y me dijo: TE  LO ADVERTI! YA ESTOY HARTA DE TUS BERRINCHES ESTA VEZ ME VAS A CONOCER!!! yo solo la mire y me quise salir de ahi porque la vi enojadìsima, pero ella me tomo del brazo me desabrocho el yamper y me lo bajo hasta los tobillos me puso en sus rodillas y empezo a darme de nalgadas, yo lloraba y le suplicaba que parara , nunca habia sentido tanto ardor, pero ella no paraba me dio como 20 nalgadas y luego me bajo las bragas y me tiro en la cama, saco de su closet un cinturon y me dijo: AHORA SI TE RAYO EL TRASERO!!!! y empezo a tirarme con la correa en mis nalgas desnudas, yo me retorcia, pataleaba y
lloraba, creo que me dio como 20 correazos, luego me saco el resto de la ropa y me metio a la ducha me baño al tiempo que me propinaba mas nalgadas y me decia que era una malcriada, y que esa no seria la ultima vez que me castigaria si seguia haciendo berrinches, luego que me saco de la ducha me cambio, me peino el cabello y me dijo que me fuera a mi habitacion y que no saliera de ahi porque estaba castigada.Desde ese dia no hize mas berrinches! Pero esa no fue la ultima vez que mi madre me pegara, hubo otra vez pero ha sido cuando tenia 16 años y esa es otra historia....

Familia: Madre e hijo

Por falsificar una firma.  "Enviado por Guillermo (Argentina)"
Cuando yo tenía quince años, estudiaba Bachillerato en un colegio donde había unas normas y un control bastante estricto. Todos los alumnos teníamos que llevar un diario que servía de correspondencia entre los profesores y las familias en el que se anotaban además de los deberes cotidianos todas las incidencias sobre el rendimiento y comportamiento del alumno en la clase y los padres tenían que firmarlo diariamente.
Un día yo no hice ninguno de los deberes de ninguna asignatura. Todos los profesores me pusieron la correspondiente observación en el diario. Esto, añadido a la mala conducta que había venido demostrando últimamente y que también quedó reflejada en el diario, provocó que aquel día yo no se lo enseñara a mi madre y falsificara la firma. El problema es que el profesor tutor llamó por teléfono a casa y la puso al corriente de lo ocurrido. Como consecuencia de lo que había hecho, me expulsaron durante una semana.
Esa misma tarde de viernes, nunca se me olvidará, nada más entrar mi madre me preguntó por el diario. Yo no sabía qué hacer, pero tuve que entregárselo, lo leyó y ,señalando la firma falsificada, me dijo:
- ¿Te parece bonito?
Yo me quedé mudo. Sin más me llevó a mi habitación, se sentó sobre el borde de la cama, me desabrochó el cinturón, me bajó la cremallera, me bajó los pantalones, me bajó los calzoncillos hasta los tobillos y, mirándome cara a cara desnudo de cintura para abajo, me dijo:
- Prepárate. Ya verás cómo te voy a poner el culo. 
Después me tumbó boca abajo sobre sus rodillas, me quitó los zapatos,luego los pantalones y luego los calzoncillos, levantándome bien el jersey para dejarme todo el pompi al aire y bien a la vista, colocándomelo a su gusto para proceder a darme la azotaina. Yo, ante la vergüenza de la desnudez de mi trasero como de mis partes delanteras, que también se me veían y ante el hecho de imaginar, lo que me esperaba,pude notar el color rojo de mi cara, aunque no tan rojo ni mucho menos como tendría el culo dentro de unos instantes. Se quitó la zapatilla y comezó a propinarme unos buenos azotes. Después de un largo rato recibiendo unos buenos zapatillazos, el culo me ardía, me escocía y me dolía. Paró un momento para inclinar mi cuerpo un poco más hacia adelante y colocarme el pompis más hacia arriba, más en pompa con el fin de tenerlo más a la vista y poder pegarme mejor y aún más fuerte. Yo, como veía que la azotaina proseguía y ante el dolor que sentía en mi trasero y el que aún me quedaría probablemente por sentir, empecé a morder la manga del jersey para poder resistir mejor la dura de los azotes que me estaban dando. La zapatilla resonaba como si me estuviese rompiendo el culo en mil pedazos y esa impresión tenía yo también cuando se me clavaba en el pompis a cada azote que recibía. Me daba una tanda diez o doce azotes en cada lado y luego en el centro, abriéndome bien la raja para que pudiese sentir también allí el castigo. Se me hacía interminable y empezó a dolerme tanto que ya empezaron a saltárseme las lágrimas. Después de otro largo rato paró, me levantó y me mandó ponerme de cara a la pared, diciéndome:
- Te he dado doscientos azotes con la zapatilla, pero no he terminado todavía. Lo que has hecho no tiene nombre. Son muchas faltas gordas cometidas a la vez: no hacer los deberes de matemáticas, ni de historia, ni de lengua, ni de inglés (cuatro faltas graves ya), mal comportamiento en clase y la más grave de todas: falsificar la firma. Ponerte el culo como un tomate es poco. Te lo voy a dejar además bien señalado y en condiciones de que te acuerdes para toda la vida de la azotaina que te voy a dar hoy. Te aseguro que no te vas a poder sentar en una buena temporada y vas a estar sin poder ponerte el calzoncillo en unos cuantos días.
Dicho esto y después de unos minutos, cogió el cinto duro y ancho que utilizaba conmigo con frecuencia, colocó dos almohadas una encima de otra sobre la cama y me dijo:
- Ponte sobre los almohadones con el culo en pompa. Ya sabes cómo tienes que hacerlo. Vete preparando.
Yo casi no me atrevía a rechistar, pero aún así llevándome la mano a mi dolorido trasero desnudo y ardiente dije:
- Mamá, me duele mucho.
- Y más que te va a doler. Quítate también el jersey y prepara el culo para otros doscientos azotes y esta vez con el cinto.
Sentía pavor hacia lo que me esperaba y enrojecí de nuevo, pero tuve que obedecer. Me incliné sobre la cama, me coloqué sobre los almohadones y así, con el culo bien en pompa y completamente al aire, en la posición idónea empecé a recibir los terribles azotazos que empezó a darme con el cinto. Éste era tan duro que se me clavaba decidamente en el pompis, haciéndome el daño y las señales correspondientes y era lo suficientemente ancho como para dejarme todo el culo bien marcado en cuatro azotes dados de arriba a abajo. Aquello se me hacía irresistible. Mordía la manta para no chillar, pero aún así a veces se me escapaba algún gemido y lloraba a moco tendido. El pompis me dolía, me escocía y me ardía cada vez más. Cada vez que sentía un nuevo azote sobre él era como un fuerte latigazo lleno de furia, picor, escozor y  fuego. Después de unos cuantos azotes, volvió a colocarme el culo sobre los almohadones para ponérmelo de nuevo en la posición más idónea para azotarme en él con el cinto y me lo hizo levantar un poco más, lo que aumentó considerablemente el efecto de los azotes, dejándomelo castigado a tope. Cuando había terminado de contar los doscientos azotes, me ayudó a levantarme porque yo casi no podía, pues sentía como si el culo se me fuera a partir en mil pedazos. Así, con todo el culo al aire, más colorado que un tomate, hinchado y señalado a tope, y completamente desnudo me volvió a colocar de pie de cara a la pared, esperando la que iba a ser mi tercera tanda,  tal y como ella misma me anunció.
Pasados unos cuantos minutos, se sentó de nuevo sobre el borde de la cama, me tumbó otra vez boca abajo sobre sus rodillas y con todo el pompis a la vista me dio los doscientos últimos azotes que, esta vez con la mano, pero bien fuertes y, dados sobre mi trasero ya dolorido, más que castigado y hecho una pena, me hicieron dar algún que otro gemido. Al terminar la azotaina, me levanté a duras penas con las dos manos puestas detrás y llorando como una magdalena. Tenía los ojos llenos de lágrimas y éstas se deslizaban por toda la cara hasta la comisura de los labios y la barbilla. Mi madre aún me regañaba ante el dolor y la vergüenza que me producía el hecho de verme y de que me viera en esas condiciones: completamente desnudo por delante y por detrás y con el culo íntegramente al rojo vivo, hinchado como un gran globo colorado a punto de estallar y cubierto totalmente de líneas violáceas y de señales del cinto, de la mano y de la zapatilla. Cuando abrió la puerta del armario para que me lo viera en el espejo, mi vergüenza aumentó aún más y empecé a comprender las consecuencias de mis actos y, al marcharse de la habitación, me tumbé boca abajo sobre la cama llorando desesperadamente.
   Durante la semana siguiente, en la que estuve expulsado sin ir al colegio, mi madre me dio diariamente dos azotainas para que recordara bien lo que había hecho. La primera me la daba por la mañana en el cuarto de baño al salir de la ducha, tumbado sobre sus rodillas y con el cepillo de baño o la zapatilla. La segunda, por la noche, en el dormitorio antes de ir a la cama con el cinto. Siempre lo hacía con el culo al aire como era costumbre y en cada sesión me
daba doscientos azotes, que unidos a los que se iban acumulando ya me ponían a tono. La verdad es que en aquella ocasión me dejó el culo casi en carne viva.  Por supuesto que durante esta semana no me curó ni una sola vez. Solamente pasados estos siete días y acabadas las azotainas, empezó a curarme el pompis como lo hacía en otras ocasiones: tres veces al día me ponía con el culo al aire sobre sus piernas o sobre la cama y me lo curaba primero con alcohol, aunque viera las estrellas y después con una pomada que me aliviaba bastante. Estas curas duraron mucho tiempo. Después de la semana de expulsión, no volví al colegio hasta el siguiente trimestre, pues inmediatamente después llegaron las vacaciones de Navidad. Durante todas estas vacaciones no salí de casa porque estaba castigado y además no podía prácticamente sentarme ni ponerme tan siquiera los calzoncillos sin que sufriera seriamente al hacerlo. Me molestaba tener que andar por casa sin ellos y que mi madre me viera con todo el culo al aire, bien colorado, bien señalado, bien dolorido y bien castigado, pero tuve que reconocer que tenía razón cuando me advirtió al darme la azotaina de que iba a estar sin poder sentarme y ponerme los calzoncillos durante una buena temporada.
Las Navidades pasaron y yo tuve mis regalos de Reyes. Ya había tenido bastante con los azotes y no salir a la calle. El castigo fue muy duro, pero lo que hice fue también muy grave, y desde luego no volví a repetirlo. Aprendí bien la lección y no la he olvidado todavía, ni la lección ni el castigo que sufrí para aprenderla.